sábado, 25 de abril de 2009

Miguel Acosta Saignes. Hacia una fotografía de vocación socialista







“Cuando se habla de arte revolucionario, se piensa en dos tipos de fenómenos artísticos: obras cuyos temas reflejan la revolución y obras que sin estar vinculadas a la revolución por el tema, están profundamente imbuidas, coloreadas por la nueva conciencia que surge de la revolución.”

Leon Trotsky





Esta frase de Trotsky sobre el arte aparece en Literatura y Revolución de 1924 apropósito de una reflexión sobre la obra de Tolstoy y su relevancia en el contexto de la búsqueda de una estética literaria revolucionaria que se alejara de las viejas formulas, para abrir paso a la frescura y la vehemencia de “la nueva época”. Una “nueva época” que aun buscaba su propia definición en cuanto al rol que los artistas debían asumir y la estética que debía o no modelar el espíritu de su creación en el contexto de la Revolución Rusa, a la espera de formar una “nueva generación a su imagen”.




Si bien los tiempos han cambiado y los procesos políticos han evolucionado determinados por la historia reciente, el espíritu de las ideologías socialistas se mantiene fiel a los principios universales del humanismo y justicia social. Quizás en estos nuevos procesos mirar al pasado ya no implique “arrojar por la borda al viejo Tolstoy” como decía Trotsky, sino asumir, con nuevas y “viejas” herramientas de trabajo, las contradicciones propias de los procesos de cambio revolucionarios, para rescatar ideas, valores, textos e imágenes, que nos permitan, en estos momentos de reinvención ideológica, regenerar y re oxigenar, con mayor amplitud, el espíritu simbólico de un ideal político para el arte. Es el caso de aquellas “ obras que sin estar vinculadas a la revolución por el tema, están profundamente imbuidas, coloreadas por la nueva conciencia que surge de la revolución.” Y aquí me quiero referir a la obra Fotográfica de Miguel Acosta Saignes.



Una vocación política hecha imagen

Las fotografías de Miguel Acosta Saignes, bien que no fueron necesariamente hechas para estar “vinculadas”, como dice Trotsky, a la revolución, se convierten sin embargo, dentro de lo que conocemos en la historia de la fotografía venezolana, en una suerte de paréntesis o paradigma referencial de capital importancia y vigencia para la re construcción de una estética fotográfica nacional de la venezolanidad, en tiempos de revolución. Por otra parte, cabe señalar que su obra académica esta fundamentalmente constituida por aportes significativos a la investigación en los campos de la antropología, la sociología, el folklore, el periodismo, la historiografía, la geografía humana, el indigenismo, la arqueología, y especialmente como pionero de los estudios de la afro descendencia o “negritud” como la calificaba el mismo Acosta Saignes. Siempre desde una perspectiva política de izquierda y que han contribuido de manera esencial al conocimiento y compresión de los rasgos más auténticos de nuestra identidad cultural y visual.



Si bien Acosta Saignes utiliza la fotografía como instrumento de apoyo a sus investigaciones antropológicas, sin descuidar aspectos creativos y estéticos, su intención fotográfica, sustenta una visón comprometida con la exaltación de la cultura nacional y los valores fundamentales del pensamiento socialista ligado al estudio de la cultura como expresión de las fuerzas creadoras del pueblo. Vocación que durante toda su vida, caracterizo su espíritu de lucha política en pro de los derechos laborales y la justicia social, tal y como lo expresa en la ocasión de su discurso para el 57º aniversario de la Revolución de Octubre, donde manifiesta que: “Sólo el reconocimiento de los méritos de los trabajadores, el análisis de su papel creador, la compresión de la categoría histórica que es el pueblo, ha conducido a la creación de museos folklóricos, al estudio de los patrimonios culturales de los sectores económicos, y por consiguiente, socialmente débiles.”



Sus fotografías, orientadas a reivindicar un espacio visual y cultural para las clases “socialmente débiles”, como lo expresaba ya el mismo Acosta Saignes, nos permiten descubrir hoy, no solamente aspectos materiales auténticos y esenciales de nuestra cultura, sino la naturaleza intrínseca de esa identidad que se nos escapa. Y que, construida a partir de elementos simbólicos de lo “popular” y de lo vernáculo, manifiestos a través del hecho lo fotográfico, definen formal y espiritualmente aspectos que han pasado a formar parte de un imaginario visual y cultural que nos identifica como pueblo y como nación.



Sandro Oramas




[1] Reflexiones sobre el socialismo en el 57º aniversario de la revolución de octubre de 1917. Ediciones “SEMESTRE HISTÓRICO”. Coordinación de los Cursos de Postgrado de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela - Caracas, 1975

(Extracto de texto publicado en A plena voz. Revista Cultural de Venezuela, no. 47-48, Nov. 2008)





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