martes, 24 de agosto de 2010




Antoine Hercule Romuald Florence (1804-1879)



Caminos paralelos

Hercule Florence inventor latinoamericano de la fotografía


Por: Neldson Marcolin



El descubrimiento de la fotografía es uno de aquellos momentos tecnológicos en los que la mirada de innumerables investigadores o inventores converge en el mismo punto de interés y los lleva a obtener resultados en períodos cercanos unos de otros. La búsqueda de una técnica eficaz de impresión utilizando la luz solar ocurrió simultáneamente en Alemania, Francia e Inglaterra durante las tres primeras décadas del siglo XIX. Los franceses Joseph Niepce y Louis Daguerre obtuvieron buenos resultados y difusión, y se quedaron con los laureles del invento durante muchos años. Paralelamente, el también europeo Hercule Florence realizó experiencias exitosas con cámara obscura y con fijación de imágenes en papel en Brasil, a partir del año 1833. La diferencia fue que él vivía aislado en el interior de São Paulo, lejos de los proyectores y otras novedades traídas por la literatura especializada de publicaciones de ultramar.

“La fotografía estaba lista para descubrirse desde el final del siglo XVIII porque ya existía el suficiente conocimiento de la cámara obscura y de los procesos químicos”, dice el historiador e investigador de la fotografía Boris Kossoy, de la Escuela de Comunicación y Artes de la Universidad de São Paulo. En el año 1972, Kossoy comenzó a rescatar la historia de los descubrimientos de Florence y fue quien realizó la comprobación científica, 140 años después, de las principales experiencias precursoras emprendidas por el francés en la entonces villa de São Carlos, la actual Campinas. El investigador obtuvo en el año 1976 el apoyo de la tradicional Escuela de Artes Gráficas y Fotografía del Instituto de Tecnología de Rochester, Estados Unidos, reproduciendo las experiencias y confirmando la validez de las realizaciones de Florence, tal como lo registraban sus diarios. Las investigaciones de Kossoy, que tuvieron repercusión internacional, fueron reunidas en el libro Hercule Florence – A descoberta isolada da fotografía no Brasil (Edusp, reeditado en el año 2006), obra que circula también en castellano, en una edición del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México.

Los manuscritos de Florence, en número de seis, se encuentran en Campinas, al cuidado de Teresa Cristina Florence, tataranieta del inventor, quien los heredó de su padre, Arnaldo Machado Florence, entusiasta divulgador de la obra de su bisabuelo y la persona que facilitó a Kossoy el material original. “Aunque los diseños de la cámara oscura, la máquina de poligrafía, las fotos de las etiquetas de farmacia y de los diplomas de la masonería fueron robados de mi casa en el año 1989”, se lamenta Teresa, quien conserva los diarios. Como los originales fuero reproducidos numerosas veces, existen copias de esa documentación.

Antoine Hercule Romuald Florence (1804-1879) llegó a la fotografía por caminos sinuosos. Natural de Niza, poseía talento para el dibujo y soñaba con recorrer el mundo. Durante uno de sus viajes, recaló en Río de Janeiro, en febrero de 1824, y se quedó en la ciudad, no se sabe exactamente por que razón. En el año 1825 se ofreció para participar como segundo dibujante de la expedición al interior del país comandada por el naturalista y cónsul de Rusia en Río, Georg Von Langsdorff. El primer dibujante sería Johann Rugendas, quien desistió y fue sustituido por Aimé Adrian Taunay.


La expedición fue un desastre en varios aspectos, con varios accidentes y la muerte de Taunay. Pero al menos Florence consiguió realizar un buen trabajo documental. Registró los acontecimientos en su diario e hizo dibujos que revelan, según los especialistas, cierto empeño científico, sin montajes o idealización del paisaje, recursos comunes utilizados por los artistas extranjeros. Hacia el final de la expedición, Florence se casó y se afincó en la villa de São Carlos, donde residía la familia de su mujer.


Una vez instalado, el francés comenzó a recabar medios para imprimir uno de sus ensayos resultantes de la expedición Langsdorff, relativo a los sonidos producidos por los animales. Ocurre que existía tan sólo una imprenta tipográfica en la provincia de São Paulo, hacia el año 1830. Fue en aquel momento que inició las investigaciones con el objetivo de desarrollar un sistema diferente de impresión, que prescindiese de las tradicionales máquinas impresoras. Esa invención fue bautizada por él como poligrafía (polygraphie). Para una explicación simplificada, se trata de planchas de madera embebidas de tinta y capaces de imprimir.




Ilustración de Hercules Florence



Al intentar perfeccionar la poligrafía para tornarla más eficaz, Florence arribó a las experiencias con la cámara obscura. El día 15 de enero del año 1833 registró en su diario la posibilidad de “imprimir por la acción de la luz”. En sus experiencias utilizó vidrio, además de papel. Otros precursores de la fotografía hicieron lo mismo, como Thomas Wedgwood, en el año 1800, y Niepce, en 1822. Fox Talbot llegó a comunicar a la Royal Society que inventó una técnica para copiar dibujos grabados sobre soporte de vidrio en 1834. “Como puede verse, los descubrimientos se encaminaban en la misma dirección, en diferentes países, aunque uno no supiese lo que el otro hacía”, observa Kossoy.


Una fotografía aun no inventada absorbió todo el interés de Florence. Él relata en su diario la búsqueda de agentes químicos que, aplicados al papel, pudiesen grabar imágenes cuando eran expuestos a la luz, y escribe acerca de las experiencias con nitrato de plata. De acuerdo con Kossoy, es cierto que la información sobre las sales de plata fue facilitada por el farmacéutico y botánico Joaquim Corrêa de Mello en 1832, quien fuera empleado y luego socio de la botica de Francisco Álvarez Machado, suegro de Florence, en la villa de São Carlos.

El inventor francés construía sus propias cámaras oscuras. Su primera foto, que no llegó hasta nosotros, mostraba una ventana con sus vidrios cerrados a través de la cuál se veían los marcos y el tejado de la casa vecina, en enero de 1833. Luego de esa primera experiencia, Florence descubrió que el papel embebido en nitrato de plata y con la imagen grabada en él se oscurecía, y lo propio sucedía al lavarlo con agua. Notó también, que lo que era oscuro aparecía claro y lo que era claro se representaba oscuro –o sea, había realizado una imagen en negativo en el papel.


Florence quería encontrar un agente químico que tornara permanente la imagen, impidiendo el oscurecimiento total cuando fuera expuesta nuevamente a la acción de la luz. Aunque viviera lejos de la Corte y con poco acceso a la información, se apoyó en antiguos libros de científicos conocidos para estudiar la sensibilidad de las sustancias a la luz. En sus diarios se encuentran citas de químicos y físicos como Jons Jacob Berzelius, Antoine François de Fourcroy, Johann Wilhelm Ritter, Nicholas-Théodore Saussure, Joseph Louis Gay-Lussac, Franz Joseph Muller y Claude Berthollet.


Hubo tres compuestos fotosensibles que fueron objeto de estudios más asiduos por parte del francés: el nitrato de plata, el cloruro de plata y el cloruro de oro. Las sales de plata eran conocidas, pero con las de oro fue pionero, aunque su costo hiciera desaconsejable su utilización corriente. También probó varios tipos de papel para impresión y optó por el pergamino de Holanda, utilizado entonces, para las cartas. Hallar un buen agente fijador que evitase el oscurecimiento de las imágenes grabadas constituía otro de los grandes problemas por resolver para los pioneros de la fotografía. Como el mero hecho de lavar las copias con agua no resolvía la cuestión, Florence llegó a recomendar que los originales de las fotos fuesen vistos “por la noche, a la luz de las velas, o incluso de día, en la sombra o a media luz, por un lapso cercano a la media hora”.


En su búsqueda por un fijador, el francés experimentó diversas sustancias. Tuvo relativo éxito con la más inusitada de ellas, la orina. Mediante ella consiguió disolver el cloruro no fijado por la luz. “Podemos inferir que el investigador poseía el conocimiento de que el amoníaco, presente en la composición de la orina, podía funcionar como fijador”, sugiere Kossoy. Fue un paso para llegar al uso del hidróxido de amonio.

Sin saberlo, Florence se encaminaba tan paralelamente a los otros inventores que fue el primero en utilizar el término “fotografía”. Niepce denominó a su proceso como heligraphie y Daguerre, como daguerreotype, Talbot, primero como photogenic drawings, luego como calotype y finalmente, talbotype. Entre los pioneros en utilizar el término fotografía, se encuentran el alemán Johann Heinrich Mädler, los ingleses Charles Wheatstone y John Herschel y el francés Desmarets. Todos lo hicieron a partir del año 1839, de acuerdo con los historiadores de la disciplina. Boris Kossoy, sin embargo, demostró que en su primer manuscrito, fechado el 21 de enero del año 1834, Florence anotó la siguiente frase: “I lest très probable que I’on pourra photographier…” (“Es muy probable que se pueda fotografiar…”). En el mismo diario, con fecha de 19 de febrero del mismo año, él escribió photographie. También empleó la palabra photographia (en portugués), en los rótulos de farmacia. Todos los demás precursores empezaron a utilizar ese término cinco años después.




Documento Masónico reproducido fotográficamente por Florence




Adquirido algún dominio de la técnica de su nuevo invento, Florence fotografió diplomas de masonería y etiquetas de farmacia hasta 1833. Pero en 1839 desistió definitivamente de las experiencias con la fotografía cuando llegó a Brasil la noticia sobre los trabajos de Niepce y Daguerre (quienes colaboraron uno con el otro) y el reconocimiento del gobierno de Francia para ambos como inventores de la técnica de impresión mediante la luz. En un comunicado al periódico A Phenix de São Paulo, en octubre de ese mismo año, Florence habla sobre sus invenciones, pero no reivindica su labor pionera: “no disputaré descubrimientos a nadie, porque una misma idea puede surgir en dos personas, porque siempre creí precarios los actos que yo ejecutaba y a cada quien su merecimiento”.


Todos los pioneros realizaron sus experiencias entre los años 1800 y 1839, año del reconocimiento al invento por parte del gobierno de Francia. “El trabajo de Wedgood, Niepce, Fox Talbot, Hippolyte Bayard, Florence y otros, residió en la feliz conjugación de descubrimientos anteriores”, evalúa Kossoy. “Ese conocimiento podía aplicarse en forma más o menos eficaz por parte de algún investigador seriamente determinado donde quiera que él se encontrase, no importando el grado de ‘civilización’ de su medio”.


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